Nueva Guia  

Cosas de Colmenar Viejo

El mejicano Rodolfo Gaona torea en Colmenar Viejo


* Fernando de la Morena Sanz


Este trabajo literario lo han motivado las actuaciones en las plazas de toros del diestro José Tomás, o mejor, podríamos decir, su hacer el poste o la estatua cuando da sus tan celebradas “gaoneras”, que no lo son tanto, sino recortes o recorte de frente por detrás, porque, en realidad, la gaonera es otra cosa: llevar toreado al toro hasta el final con el capote a la espalda, tal como se ve en la fotografía que contemplamos del diestro Marcial Lalanda, dando una gaonera de rodillas, llevando al toro muy toreado, como dando una verónica con el capote a la espalda, y de rodillas, muy distinto a lo que hace el torero de

Galapagar y sus imitadores, de los que serán sus defectos…
La expresión “hacer el poste o la estatua” era muy frecuente escuchársela o leérsela a ciertos aficionados (alguno colmenareño) y cronistas de la época de Manolete, del que consideraban, en cierto modo, heterodoxas sus maneras toreras, de escasa técnica, algo muy importante en aquel tiempo. Curiosamente, en estos de técnica en todo, en general se obvia en el toreo, por eso, para el partidario de José Tomás, su expresión favorita es: “Es el que más se arrima”, algo esencial en la relación toro y torero, y eso lo hacían ayer la mayoría de los diestros de aquellos lejanos días de mi infancia y juventud. Actualmente, que al toro lo quieren “humillado” y se lo pasan a la altura de las zapatillas, lo de “pasárselo por la faja” pasó al recuerdo. Ya no está mi amigo “Perico” (Pedro Hernán Colmenarejo) y pasaron nuestras discusiones sobre el toreo: de perfil, de frente, de cargar la suerte, de hacer el poste o la estatua, manoletista él, pepeluisista yo. ¡Qué importa todo eso hoy! Era otra afición. Era otro toro, de menos kilos para el carnicero, y era otro toreo.

La irrupción de José Tomás parecía un revulsivo, pero los demás toreros, con el mismo toro, sin picar y humillado, siguen dormitando la siesta en la cómoda hamaca veraniega.

Este largo prefacio ha situado al diestro azteca en la plaza de toros de Colmenar Viejo, al que, en cierta manera, estuvo ligado desde su llegada a España el año 1908, acompañando al subalterno Saturnino Frutos, “Ojitos”, pues a ella llegaron el mismo año, a la casa de Félix Sanz, mi abuelo, en la plaza de la Constitución, al que adquirieron dos cuatreños, que mató Gaona en la plaza de Puerta de Hierro madrileña, como presentación ante la afición española, año en el que el 31 de abril tomó la alternativa en la plaza de toros de Tetuán de las Victorias, de cuya empresa formaba parte mi citado abuelo, y lo hizo de manos del modesto Manuel Lara “Jerezano”, con el toro, Rabanero de nombre, de la ganadería de Peñalver, propiedad, por entonces, del colmenareño Pablo Torres.

El nombre del diestro mejicano Rodolfo Gaona no lo he encontrado como participante en ninguna de las muchas tientas que se celebraban en los campos colmenareños, tan frecuentadas por otros diestros famosos, pero sí aparece en un cartel de la plaza de toros de Colmenar Viejo, del día 27 de agosto de 1917.

Parece que fue un festejo taurino con historia, fue empresario el colmenareño Julio Quintana Torres, que lo fue con frecuencia, quien tuvo conversaciones con el famoso José Gómez Ortega “Joselito”, para torear aquí, en la plaza de Colmenar Viejo, pero el inconveniente de que actuara el día anterior en la plaza de San Sebastián lo impidió, y dejó el cartel con un solo espada, como era frecuente entonces en esta plaza, el mejicano Rodolfo Gaona, con cuatro toros de don Vicente Martínez, y de sobresaliente el diestro Doroteo Martín. Y, dadas las circunstancias antes dichas, me ha parecido oportuno presentar unas notas de la crónica de tal festejo, que publicó el cronista Pepito Reyes en la revista Sol y Sombra.

Decía que hubo lleno en la plaza colmenareña y que hizo viento que molestó a los toreros, que los cuatro toros de Martínez estaban gordos, finos y bien colocados de púas; que cumplieron con los montados en los 18 puyazos que recibieron por doce porrazos y dos jamelgos para el arrastre, sobresaliendo el tercero, que, en un palmo de terreno, aceptó 6 varas y dejó fuera a un caballo.

El mejicano, que iba vestido de celeste y oro, se lució en el primero con la capa, parando mucho, hubo verónicas y navarras, como pasó en el segundo de la tarde, ambos en la muleta no fueron buenos, pero Rodolfo demostró sus grandes condiciones de torero. Fue el tercero un hermoso berrendo en colorado y salpicado, al que saludó con verónicas aderezadas con su personal elegancia, luego hubo gaoneras, de su “exclusiva marca”, rematadas con un recorte enroscándose al toro a la cintura. Se oyeron grandes ovaciones. Puso tres pares de banderillas, de ellos dos cambiados, dice el cronista, excelentes, y uno cuarteando. Con un ayudado por alto comenzó la faena, que compuso con naturales, redondos, de pecho, ayudados por bajo y adornos. Con media estocada y descabello terminó con el toro. Y Rodolfo paseó una oreja del astado. Al cuarto le veroniqueó con lucimiento, por lo que escuchó ovaciones, como ocurrió con la franela, en la que, asimismo, escucho muchas, rematando su actuación con una gran estocada. Lo que hizo que al diestro mejicano lo sacaran en hombros los colmenareños, que lo llevaron hasta la plaza de la Constitución, hoy plaza del Pueblo…


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