
Es muy probable que los ciudadanos, de todos los colores, pero especialmente ese sector que sufre las principales consecuencias de esta provocada y extendida crisis, se hayan transformado en unos conformistas, a pesar de todo lo que les está cayendo encima y aún les tiene que caer. De este conformismo se valen los poderes políticos para arrastrar ese lastre de ignorancias y de mirar hacia otros lados para evadirse de la realidad.
La galopante y agobiante crisis que sufrimos y que como hemos señalado en varias ocasiones a lo largo de estos dos últimos años, afecta de manera directa a las clases medias-bajas, esas por las que todos los partidos políticos siempre claman, pero que todos olvidan. La situación se está volviendo insostenible para varios sectores de la sociedad que a duras penas sobreviven, haciendo cábalas para llegar a final del día y no del mes como se decía antes. Pero nuestros representantes siempre disparan hacia el mismo lado, hacia aquellos que les da más poder económico, con el que posteriormente compran los votos necesarios para mantenerse. La sensación que el ciudadano tiene, ese que se encuentra situado en los últimos escalones de una escalera podrida, es de indeferencia y cierto pasotismo. Mientras el gobierno da ayudas a los de siempre, a esos que han sido los principales generadores de la actual situación, mientras se escudan en políticas que castigan a las clases más bajas, el país navega en la incertidumbre de saber cuando se podrá asomar al balcón que lo aleje del abismo.
Los números suben de manera alarmante. El crecimiento de personas que se encuentra en paro, supera ya todos los índices de cualquier país desarrollado. Las largas colas en el INEM se hacen interminables y la desesperación se adueña de muchas familias. Todo esto ocurre cuando los principales responsables de ese sector que ha propiciado la actual situación y que son los que más ayudas del Estado han recibido, se retiran blindados con grandes fortunas sin que los poderes políticos muevan un solo dedo para frenar tan vergonzosa actuación.
Lo lamentable es que tengamos que haber llegado a esta crisis para que se pusiera al descubierto la irracionalidad de la retribución de los banqueros, cuyos sueldos anuales, en lo que se refiere a los altos directivos, llega a superar el presupuesto de la mayoría de municipios, sin contar con las comisiones y gratificaciones. A estos sueldos hay que añadir los contratos blindados, cuya liquidación significa muchos millones de euros. Evidentemente, para aquellas personas, la gran mayoría, que vive de sueldos sencillos y especialmente, para aquellos que un día sí y otro también, tiene que hacer cola en el INEM, toda esta cuadratura permitida y consentida por nuestros gobernantes, resulta cuando menos indignante.
Pero la historia continúa y no se para en las actuaciones consentidas y vergonzosas de los banqueros. Lo que el ciudadano tiene que presenciar y sufrir a nivel político, resulta igualmente escalofriante, cuando se trata de hacer similitudes y comparaciones a la hora de ser tratados por la “justicia”. La corrupción navega a sus anchas por las formaciones políticas, mientras sus líderes se tapan los ojos o miran para otro lado. Las tramas corruptas suelen estar tan bien organizadas, que raramente salpican a sus principales responsables, intocables por encontrarse en la cima de los partidos políticos. Lo que estamos viviendo en este país y de manera especial en Comunidades como la valenciana o la madrileña, sonroja a cualquiera. El pasotismo y consentimiento político y la dilación de la justicia, ha venido a incidir en esa idea ciudadana de que en política está todo permitido. Solamente y tras meses y meses de conocimiento de toda la trama corrupta, algunos dirigentes políticos que hasta ahora venían defendiendo a los imputados, han decidido lavarse superficialmente la cara y adoptar débiles medidas que se negaron a poner en marcha cuando esa corrupción les favorecía para hacerse con el poder (véase el Tamayazo).
Retirar pequeñas prebendas cuando la corrupción nos salpica de manera directa resulta una medida muy débil, cuando anteriormente se permitió eso y mucho más, porque nos beneficiaba políticamente. ¿Quiénes deben asumir las responsabilidades más directas de estas corrupciones? ¿Sólo los imputados o también aquellos dirigentes que lo han venido consintiendo? Mientras tanto, la justicia politizada ha permanecido insensible a estas actividades, con jueces que han dictaminado a favor de sus amigos y solamente comienza a caminar, cuando la situación se ha tornado tan grave, que mirar hacia atrás generaría ya un descaro total.
El ciudadano de la calle, a ese que le afecta de manera directa la crisis, ese que se encuentra en la cola del INEM porque le han despedido, ese que lee una y otra vez como se van los banqueros con los bolsillos llenos, ese que vive día a día la corrupción política sin que ocurra absolutamente nada. En definitiva, ese ciudadano que un día, agobiado por las deudas, por el vivir día a día, por el buscar un plato de comida, comete una pequeña imprudencia y termina siendo juzgado y encarcelado inmediatamente, ese ciudadano que vive en la desesperación continua, se queda quieto, viendo como transcurre el tiempo y esperando que todo lo que le rodea dé un pequeño giro. Y es que el conformismo no es la solución ante todo lo que gira a nuestro alrededor. Habría que abrir los ojos y comenzar a gritar.
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