
RINCON DEL INVERSOR
* Luis del Abra-Analista Financiero
Para estas horas ya sabemos cuáles son las líneas básicas de los incrementos en la presión fiscal para el ejercicio 2010. Al menos, en lo que se desprende del recién presentado Proyecto de Ley de Presupuestos Generales. Seguramente habrá modificaciones, pero no en cuanto a lo que vamos a comentar a continuación.
Por una parte se mantiene la presión fiscal directa en lo que se refiere al I.R.P.F. Eso sí, se elimina el “regalito” de los 400 euros aplicados –más o menos generalmente- en el ejercicio pasado. Lo que, en sí mismo, ya puede considerarse un incremento que para las economías más débiles puede ser porcentualmente bastante considerable. Evidentemente, los más perjudicados serán los que basan sus ingresos en las rentas del trabajo.
En cuanto a las rentas de capital, la tributación que actualmente está al 18% sobre la rentabilidad obtenida, pasará al 20%, cuota que llegará al 22% cuando las ganancias superen los 6.000 euros en el ejercicio. Por cierto, ese esfuerzo que iba a recaer fundamentalmente en las espaldas de los más ricos no ha llegado a los titulares de sofisticados productos financieros, accesibles para los menos.
Y esto en cuanto a los impuestos directos, porque en la tributación indirecta, lo más relevante será el incremento del I.V.A., en su tramo más general, que del 16% actual subirá al 18%, pasando el del 7% al 8%. Muy importante este aumento, ya que afectará a la mayor parte de los bienes de consumo habituales, incluidos conceptos como combustibles, energía, comunicación, transportes e incluso, compraventa de viviendas. Eso sí, el Ministro de Fomento ya ha declarado que este incremento será compensado por la bajada de los precios. Permítanme que diga –todo lo educadamente que se quiera- que no, de de ninguna manera será así. Las tarifas de electricidad, gasolina o gasoil, gas, transporte, y un sinfín de productos no sólo no han bajado, sino que tienen previstas subidas, ya conocidas. En los casos de artículos que, por su dependencia del mercado (o sea, no regulados) puedan bajar se producirá ese efecto de equilibrio, pero sin olvidar que ese “pato” lo van a pagar los comerciantes y en general las pequeñas y medianas empresas, que lo van a sufrir en una merma de sus márgenes comerciales. O sea, un castigo a quienes generan más puestos de empleo. No me pidan que lo explique, porque yo no soy capaz de entenderlo.
En resumen, la subida de impuestos va a recaer, como viene siendo histórico, sobre los más. No sobre los que más tienen, sino sobre el mayor número posible de contribuyentes, es decir, de quienes tienen un trabajo, una pequeña empresa o una pequeña inversión. En relación con los pequeños ahorradores, bueno es recordar el incremento de la cifra global de ahorro que ha sobrepasado el 10%. En un breve análisis, con la reducción de actividad que padecemos y el dramático nivel de parados alcanzado, no deja de ser curioso el dato. La razón está sin duda en la contracción del consumo, no sólo en quienes han visto reducidos drásticamente sus ingresos, sino en la generalidad de los ciudadanos, que se han vuelto extremadamente conservadores. Ya se sabe, por aquello del “por si acaso”. Es decir, la desconfianza se ha generalizado. De este criterio no hay que descartar a las entidades bancarias, que prefieren dedicar los depósitos de los clientes a invertir en la compra de bonos antes que en dar créditos, que sería su destino natural. Bueno, pues … así nos va.
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