Nueva Guia  

TEMORES FUNDADOS

El secreto

* J.F. Lorenzo Robles

Nueve de enero y nieva. Es tiempo de pensar en positivo. Los “Reyes” nos han traído “El secreto”, ese best-seller que habla de cierta energía cósmica que tiene que ver con la atracción universal y el origen primigenio del mundo. Todo está en el pensamiento, dice. Todo está en el sentimiento, continúa.

Visualicemos el dinero y el dinero vendrá. Creamos en el futuro dulce y el futuro será dulce. Atraigamos la paz, el bienestar, la sanación de nuestra hipocondría, la concordia, el vaso medio lleno siempre y nuestros buenos deseos serán órdenes: Ese es el Secreto. ¡Ojo! Los deseos deben plantearse en positivo: Quererlos. Es decir, no debe plantearse un “No queremos que suceda…” Pues tal deseo, en negativo, atraerá hacia nosotros lo que no deseamos.

Nueve de enero. Nieva como en un invierno de libro, de cuento. Es bueno ver nevar cuando disfrutamos de unos días libres y el resto del mundo está atascado camino del trabajo o de ninguna parte que para muchos, hoy, será lo mismo.

Es hermoso contemplar cómo nieva tras unos cristales personales e intransferibles y no tenemos prisa por arrancar nuestro coche o por firmar una hipoteca o porque llegamos tarde a una fiesta a la que nunca nos apetece asistir. La nieve, ahora que estamos leyendo “El Secreto” es también una viajera cósmica que parece llegar siempre porque alguien, remotamente, la ha atraído desde un lugar íntimo y con un poder mental: El intenso deseo de un niño, quizá, que seguramente manejará “El Secreto” con un autonomía más pura y descontaminada que los agarrados intereses de los adultos. Mientras vemos/sentimos la caída de la nieve, parece que nuestro pensamiento es capaz de sonreírnos más hábilmente. Visualizamos el campo despejado del futuro, como una primavera que nos es graciable. Oímos nuestro nombre en el podium del triunfo. Atravesamos plazas públicas en las que nos reconocen como ciudadanos de pro. ¿Funcionará “El Secreto”?

Nueve de enero: “El Secreto” y la nieve despiden los fastos navideños y nos devuelven a la rutina, que siempre suele ser más emocionante que la clónica Nochevieja y el despilfarro, también clónico, que este año se ha visto agrisado por la crisis. Como cada enero, el impulso por criticar la Navidad es fuerte, pero este dos mil nueve quiero contenerme. “El Secreto” afirma que si pensamos en negativo, atraeremos negatividad, ya lo hemos dicho. Por ejemplo, si uno piensa que la Nochevieja es una fiesta infame llena de borrachos, tal idea se nos volverá en contra y un borracho infame acabará amargándonos la Nochevieja. Así que, con tal teoría, es mejor correr una San Silvestre la tarde del 31 de diciembre, por ejemplo la de Villacañas-Toledo- en la que el Ayuntamiento agasaja a todos los participantes con licores y dulces típicos de la zona, la inscripción es gratuita, hay buenos premios para los primeros y obsequios para todos los participantes. Iba a señalar también que así no le hacemos negocio a la San Silvestre Vallecana, que cobra un buen “peaje” por correr, pero no quiero atraer ideas negativas. Así que cada cual corra la San Silvestre que quiera, la disfrute y después, como da tiempo, celebre una Nochevieja lo más fraternal que pueda y también beba de forma artesanal hasta el grado alcohólico de “borracho dulce”. Tras la carrera de media tarde, la cena y las uvas, botella y pico de cava y el Programa de risa tonta y música del año, toca acostarse tarde y habremos conseguido un merecido cansancio que nos permitirá dormir plácidamente: eso sí que es un plan en positivo, haciendo caso a “El Secreto”. Feliz año.

Nueve de enero. La nieve complica el día socialmente, pero personalmente nos parece un milagro que limpia el aire y nuestra conciencia: Pensamos con audacia en la novela pendiente, en el problema por resolver, en la semana próxima que, quizá, será de sol y certeza.

Puede que “El Secreto” nos esté ayudando. Deseamos que sea así y nos concentraremos en la próxima lotería o sorteo en e que participemos. “El Secreto” es científico, al parecer. Luego se puede utilizar con egoísmo. Uno lo ve personal, pues se maneja desde la propia mente. Además, antiguamente, sólo lo conocían grandes sabios y renombrados personajes de la política, la cultura y las artes. Así que creamos en “El Secreto” y visualicemos el Premio Planeta. Por pedirle al universo que no quede.

Y mientras pensamos en nuestro futuro esplendor, para que no nos venga nada negativo al haber de nuestra contabilidad, olvidémonos de los mártires de Gaza, que no han tenido la suerte de recibir “El Secreto” por Reyes: Quizá, a los que queden vivos, les llegue para dos mil diez.

 


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