Nueva Guia  

RINCON DEL INVERSOR

Año Nuevo

* Luis del Abra-Analista Financiero

Al iniciarse un nuevo año parece obligado, sobre todo tratándose de temas económicos, realizar un balance, o sea, un análisis de la situación general, aunque sólo sea para intuir de qué manera determinados aspectos globales van a afectar a nuestros ingresos, a nuestros ahorros y, en definitiva, a nuestra forma de vida.

Al comienzo de 2008 oficialmente no había ni un asomo de crisis, si acaso una “suave desaceleración”. En cuanto pasaron las elecciones empezamos a ver las orejas al lobo: es decir, que se nos viene encima la recesión. Y aquí estamos, con unas cifras de desempleo que marchan al galope y con el crecimiento de nuestra economía bajo cero. Y, de momento, sin que se vean signos de recuperación en el horizonte cercano. Y es que la crisis se ha convertido en un fenómeno social. Hablamos de ella, presente en nuestras vidas, como si se tratara de un vecino incómodo que se ha aposentado a nuestro lado y la soportamos como a la gripe o a la declaración del I.R.P.F. De hecho es tratada en nuestras conversaciones como algo inevitable y contra nada nos es dado hacer.

Y es que, en el fondo, somos incapaces de aprender. La situación actual no es la primera vez que se produce. En el último medio siglo hemos pasado por períodos similares en media docena de ocasiones. Crecemos, crecemos … y, de repente, nos pinchan el globo. Para ser justos habrá que reconocer que en la crisis actual hay dos factores que yo destacaría como determinantemente novedosos. Por una parte, la globalización de los negocios ha producido un efecto generador de universalidad en los daños económicos. En efecto, la que está cayendo hace que nos “mojemos” todos y todos quiere decir a escala mundial, en todos los países. Por otra parte, nunca como en esta ocasión se ha detectado una situación financiera tan lamentable.

El entramado bancario nunca antes había padecido una situación de desconfianza de las características que hoy sufre. Los particulares y las empresas no nos fiamos de los bancos, pero es que ellos mismos no se fían entre sí. Y es que todos hemos podido comprobar que la solvencia de muy importantes entidades financieras, reconocida oficialmente, era más falsa que un billete de seis euros. Yo me pregunto si nadie va a resultar responsable de nada. ¿Qué deberían explicar los auditores? ¿Qué deberían razonar las autoridades en la materia? (Me refiero a bancos centrales, entidades de supervisión y demás). ¿Y qué pretenderán hacernos creer las empresas de rating? ¿Volveremos a otorgar alguna credibilidad a sus datos? Curiosamente, siguen ejerciendo su función, ¿sabe alguien para qué?

Pero será mejor que hagamos un ejercicio de positividad y recuperemos la sensatez, cosa que nunca viene mal. Eso sí, a la hora de invertir no dudemos en pedir todo tipo de explicaciones y detalles a nuestros asesores bancarios. Y hacer como ellos, reclamar todo tipo de garantías, siempre por escrito. Ahora más que nunca hay que ser cauto a la hora de emplear nuestros ahorros. Sigue siendo válida la recomendación de los fondos de inversión (aunque parezcan haber pasado de moda, cuando todo son depósitos y similares). Pero siempre poner el horizonte en el medio y largo plazo. El historial reciente puede haber proporcionado resultados nada generosos, pero en el futuro podemos ver la luz al final del túnel. No olvidemos que la recuperación de los productos financieros suele producirse con cierta antelación a la mejora de lo que llamamos “economía real”.

De momento, nos vamos a conformar con la mejora producida en la inflación (I.P.C. anual en el 1,5%) y la rebaja en los tipos de interés (el euribor ya ha bajado del 3%). O sea, que somos capaces de ver noticias positivas, cuando las hay claro que sí.


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