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Gaza: el ataque sin testigos a la cárcel más poblada del mundo

* Grupo Local Amnistía Internacional

El 27 de diciembre, a las 11:30 de la mañana, siete estudiantes palestinos acababan de salir de una escuela dirigida por Naciones Unidas en Gaza y se dirigían a sus casas. Una bomba del ejército de Israel los sepultó para siempre entre cascotes y escombros.

Ese mismo día y a la misma hora, Muhammad al-Awadi estaba contento porque le había salido bastante bien el examen. Salía también de la escuela Carmel situada en el centro de Gaza, cerca del edificio de la policía de Al-Abbas. Como cada día, regresaba al orfanato donde vivía con su hermano cuando cayó herido de extrema gravedad en el bombardeo de la comisaría por parte de Israel. El 30 de diciembre moría en el hospital.

Estos ocho niños vivían probablemente de la ayuda internacional, como la mayor parte del millón y medio de los habitantes de Gaza: la cárcel informal mas grande del mundo, especialmente desde junio del año 2007.

En realidad, en los últimos diez años parece imparable el deterioro de las condiciones de vida de la población civil que se hacina en esta franja de tierra convertida por el bloqueo israelí en un establecimiento penitenciario no oficial. Valga como ejemplo que, el 80% de la población de Gaza se ve obligada a sobrevivir mediante ayuda externa.

En junio del año 2007, el Gobierno de Israel intensificó todavía más el bloqueo a Gaza castigando colectivamente a su población, como si toda ella tuviera que pagar por los aproximadamente 25 israelíes muertos por los cohetes lanzados por grupos armados palestinos a ciudades y pueblos del sur de Israel.
El ejército de Israel, que tiene la llave de la cárcel, también restringe la libertad de movimiento de los habitantes de Gaza fuera de su territorio, y desde aquel mes de junio del año 2007, más de 50 personas han muerto ya porque se les impidió salir de la Franja cuando necesitaban recibir tratamiento y atención médica de urgencia no disponible en los hospitales locales. Uno de ellos fue Mahmoud Abu Taha, de 21 años de edad, que tenía cáncer en el intestino delgado. Murió el 29 de octubre de 2007, después de muchos intentos infructuosos de salir de Gaza para recibir tratamiento especializado.

El 27 de diciembre, a las 11:30 horas, en el preciso momento de salida de las escuelas y de forma inesperada, comenzó el bombardeo por parte de Israel de la gran prisión de Gaza sin, además, dejar entrar en ella a testigos independientes, como periodistas y trabajadores humanitarios, que puedan documentar lo que está ocurriendo.

Únicamente se sabe que, en los últimos nueve días, más de 800 palestinos han muerto -de ellos, más de 400 eran civiles desarmados, y decenas eran niños y niñas- y más de 4.000 han resultado heridos como consecuencia directa de los bombardeos y la ofensiva terrestre del ejército de Israel en la Franja de Gaza.

Debemos dejar claro que la supuesta seguridad nacional de Israel no justifica lo injustificable. El bombardeo de viviendas y edificios civiles supone un ataque indiscriminado y desproporcionado, y por tanto ilegítimo, contra la población civil palestina y debe cesar. Hamás debe terminar también con el lanzamiento de cohetes a ciudades de Israel, nada justifica tampoco esta violación de las leyes de la guerra.

Del mismo modo, es absolutamente inaceptable que Israel continúe privando deliberadamente de alimentos y otros productos indispensables a 1,5 millones de personas. Se debe permitir a los heridos el acceso a los hospitales israelíes y a los hospitales palestinos de Jerusalén Oriental y Cisjordania. Y las autoridades egipcias también deben recibir en los hospitales de su país a quienes necesiten atención médica.

La comunidad internacional, en especial los integrantes del Cuarteto (Naciones Unidas, la Unión Europea, Rusia y Estados Unidos), el Consejo de Seguridad y los países de la Liga de Estados Árabes, deben ir más allá de las meras palabras y tomar medidas concretas para presionar a ambos bandos en el conflicto, con objeto de que pongan fin a los abusos que están cometiendo contra el derecho internacional. Ahora, con la invasión terrestre del ejército israelí, los civiles no pueden ser dejados en la ratonera.

La cárcel está siendo bombardeada y ocupada por quien tiene las llaves, sin testigos incómodos, sin permitir huir a la población y sabiendo que no hay lugar seguro donde puedan esconderse los civiles. Pienso en los otros estudiantes, todavía vivos, de la escuela regentada por Naciones Unidas, o en los 275 niños y niñas sordos de la Sociedad Atfaluna. Es tarde ya para algunos de ellos, pero debemos parar esto por los otros muchos. Lo peor no debe llegar.

http://www.es.amnesty.org

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