Nueva Guia  

RINCON DEL INVERSOR

Una lotería

* Luis de Abra-Analista Financiero

Decimos de algo que es “una lotería” cuando comentamos algo que es difícil que ocurra, aunque resulte muy deseable. En efecto, resultar premiado en un sorteo con una cantidad respetable no es fácil, ya que la probabilidad matemática del acierto es siempre escasa. Pero, una vez pasados los casi recientes de Navidad y El Niño (los más populares, sin duda), me gustaría realizar algunas consideraciones que pueden servir para todos. Y me refiero también a los premios que el lector o sus allegados puedan recibir en el futuro en la Primitiva, Euromillón, Quinielas y similares.

Para empezar, de conformidad con la legislación vigente, las cantidades recibidas como consecuencia de estas “Apuestas del Estado” (se incluyen los premios de la Once y Cruz Roja) se encuentran exentas en el I.R.P.F. Esto no quiere decir que desaparezcan a efectos de la relación entre contribuyente y Hacienda. El significado es que en el ejercicio en que se perciban los premios, los importes se incluirán en la casilla correspondiente, es decir se declaran, si bien no devengan pago impositivo alguno. Sin embargo, sí estarán sometidas a tributación en el régimen correspondiente todas las rentas que estas cantidades generen.

Es habitual, cuando los eufóricos afortunados son entrevistados en los medios de comunicación, oir dos expresiones casi unánimes acerca del destino del dinero ganado: tapar agujeros y pagar la hipoteca. Se entiende en el primer caso, es decir, cubrir esos gastos domésticos pendientes, pequeños compromisos monetarios, etc. En el segundo no puedo mostrar mi conformidad. Cancelar la hipoteca de la vivienda habitual quiere decir renunciar a una deducción fiscal más que considerable. Así pues, por mucho dinero extra que el lector reciba es preferible que continúe pagando (ahora con más alegría) las cuotas mensuales de su préstamo hipotecario. En Junio, cuando haga su declaración de la renta me lo agradecerá. Y eso sí, ponga a trabajar su premio para conseguir la mayor rentabilidad posible con el menor riesgo.

Efectúo esta reflexión en voz alta tras conocer el premio, superior a 57 millones de euros, recibido por un casi vecino (boleto sellado en Vallecas), cuya identidad desconocemos, ya que ante los medios acudió sonriente el director bancario encargado del cobro en nombre del titular. Le alabo el modo de proceder y le sugiero que, con tales magnitudes dinerarias, diversifique el número de gestores.

Distinto tratamiento tienen otros ingresos excepcionales, como los recibidos en concursos televisivos, telefónicos y similares. Éstos, por su carácter privado, no cuentan con excepción alguna, por lo que pasan a sumar en la base imponible del I.R.P.F. Y ya se sabe que en cuanto se pasa de 50.000 euros se dirige uno al tipo máximo, o sea, al 42 %. Así pues, salvo que el premio sea de suficiente entidad vigile sus gastos, que nuestro socio de Hacienda pasará la oportuna factura.

Y por cierto, un último pensamiento para mentes inquietas. Tradicionalmente, la figura del especulador cuenta con muy mala prensa y se asocia a quien sin esfuerzo y por cualquier medio obtiene rentabilidades más que normales. Pues bien, quien juega una pequeña cantidad en un sorteo esperando multiplicarla por 1.000 (o cuanto lo permitan las reglas) es también especulador. O sea, en nuestro país hay millones de especuladores. Lo digo para rebajar la presión al término.

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