Nueva Guia  

Crónica de unas fiestas anunciadas

Llegan “Las Fiestas”, hace calor. Conciertos, feria, chiringuitos, comida, mucha bebida, y demás farándula conquistan Tres Cantos

* Santi Carneri
Año tras año, verano tras verano, las Fiestas llegan a Tres Cantos y marcan un punto de inflexión en la vida de la ciudad. Justo a finales de junio cuando ya no hay clases, quedan pocos exámenes y el flujo de trabajo comienza a disminuir, llegan “Las Fiestas”.

Son casi una catarsis, la culminación del curso, se reencuentran amigos y familiares hasta ahora perdidos en sus quehaceres rutinarios. Además ya hace calorcito, se nota la alegría de los cuerpos con menos ropa y hay mucha sed, sed de bailar, de reír y trasnochar.

El jueves, pistoletazo de salida con el pregón, acto político que tiñe la fiesta de caspa antes de que empiece y que muchos años ha terminado con altercados provocados por ateos de la doctrina política fuera de lugar. A pesar de todo, el pistoletazo de salida.

La feria con todas sus atracciones ya ruge desde la tarde, abarrotada de familias con niños y pandillas de preadolescentes. Los primeros arrastrados por el consumo y los segundos por sus hormonas.
Las asociaciones y partidos participan

Comienzan los conciertos en el Escenario Joven, promovido por los grupos locales con la Casa de la Juventud. Esta iniciativa tuvo sus años de esplendor pero ya no podemos decir lo mismo. Antes, el apoyo del ayuntamiento a través de la Concejalía de Juventud era real y eficiente.

Importantes grupos del panorama underground nacional pasaban por Tres Cantos (Raimundo Amador, O’funkillo, SA…) y atraían a gran cantidad de jóvenes que agradecían mucho la posibilidad de escuchar buena música gratis. Además cada grupo invitado era teloneado por una orgullosa banda local; que tenía la inusual oportunidad de tocar para cientos de personas. (Con esta iniciativa se vio la cabeza de los ya eminentes Vetusta Morla y XXL, todos tricantinos “viejos”).
Actualmente la falta de apoyo económico y de una buena organización  ha limitado el desarrollo de este proyecto.

Este año las bandas locales fueron las que lideraron los carteles de conciertos y lo que más público congregó frente al festival organizado como intento de homenaje a un difunto colaborador del ayuntamiento.

Plano urbano
Tras los espectáculos la gente se aglutina cerca de la barra de algún chiringuito y bailan al son de los distintos DJs que se reparten por el recinto. Las casetas de los partidos políticos con sus bocadillos y demás fritangas se sitúan al fondo del lugar. Los camareros subcontratados que sirven la comida trabajan más de 12 horas cada día.

En el centro, una gran plataforma que alberga al DJ que mantiene el hilo musical con “temazos” veraniegos primero y música electrónica después. En los extremos del emplazamiento las casetas de las asociaciones deportivas y juveniles ofrecen bebidas y música muy diversa.

El espíritu fiestero va decayendo y a las seis de la mañana ya no hay música, la policía se hace presente y permanente hasta que todas las casetas echan el cierre.

Con el sol ya asomando, los últimos presentes comienzan el camino hacia sus camas, se llevan anécdotas y nuevas experiencias  y un cansancio de narices. Pero repetirán los cuatro días siguientes.

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