Nueva Guia  

COSAS DE COLMENAR

Una encerrona


* Fernando de la Morena


En la fiesta de los toros, en toda su extensión y profundidad, se han producido una serie de cambios, modificaciones, que, en algunos aspectos, la han convertido en otra fiesta, sí, salen animales con cuernos, y de voluminoso cuerpo, muchos mastodónticos, algunos casi contra natura; sí, salen hombres embutidos en trajes de luces, muy estilizados, pero ambos elementos esenciales en la fiesta de los toros, en cierta medida, son otros, y con la lógica diferencia en la forma de relacionarse entre sí, lo que motiva otro espectáculo menos violento y gallardo, y menos viril, a cuyas circunstancias se adaptan los giros orales, que componen un vocabulario distinto, en otro tiempo tan recio, esforzado y bello. Este pensamiento me lo ha producido el vocablo que da título a este trabajo: encerrona, al que en la tauromaquia moderna le dan un sentido de esplendoroso y brillante triunfo torero, al anunciar que un famoso diestro va a lidiar en solitario, ante miles de espectadores, seis toros, cuando su significado real de siempre es algo bien distinto: “Lidia de toros en privado”, según dice la acepción 4 del Diccionario de la Lengua Española; y si acudimos al Diccionario de Uso del Español, de María Moliner, apunta: “Estratagema con que se coloca a alguien en cierta situación en que no tiene más remedio que aceptar una cosa que se le propone o confesar algo que negaba”. En el día que escribo este trabajo, leo en un periódico de tirada nacional la tal palabreja repetida varias veces con motivo del “heroísmo” que va a acometer cierto afamado torero en la plaza Monumental de Barcelona el día 5 de julio próximo.

Plasmo este título con el sentido y significado que un grupo de colmenareños le dieron a una fiesta campera celebrada en la plaza de tientas de la finca de El Quemadillo, significado apropiado y lógico.

De mis dudas gramaticales me han aliviado tales diccionarios, y confirmado mi pensamiento. Lo mismo me ha pasado con otros vocablos aplicados actualmente en el Planeta de los Toros, que titulara nuestro admirado maestro don Antonio Díaz Cañabate, me refiero, por ejemplo, a la de “arrimón”, que siempre se consideró como un recurso de torero valentón, basto, no propio de torero Artista, merecedor auténtico de la Medalla de Bellas Artes; como lo mismo me ha pasado con el término “figurón”, que, actualmente, lo usan con frecuencia algunos cronistas y aficionados modernos, como encomio y elogio torero, y del que dice el DRAE: “Hombre que aparenta más de lo que es”, o el María Moliner, “Persona fatua o presumida, que hace por aparentar más riqueza, importancia, etc., de las que tiene”, también “fachendoso” o “mascarón de proa”. Y podríamos continuar con términos de tal jaez. Ni a José Gómez “Gallito” ni a don Antonio Mejías “Bienvenida” les aplicaron tan feos apelativos a sus triunfales tardes de lidia de seis toros en solitario. ¿Y qué decir del término “humillar”, “humillado”, aplicado a un toro de lidia encampanado, soberbio, orgulloso, retador…? Algún día trataremos este penoso tema por extenso.

Volvamos a nuestra vereda perdida, a nuestra fiesta taurina en el campo, a nuestra encerrona, celebrada en la plaza de tientas de El Quemadillo, el 27 de septiembre de 1925, por un grupo de veraneantes colmenareños, como despedida de la temporada estival.

Tal finca de El Quemadillo está situada en el término de Colmenar Viejo, donde, en la lejanía de los tiempos, pastaron reses de las ganaderías de Félix Gómez y más tarde de Aleas, como ocurría en la fecha citada.

Partieron los participantes desde Colmenar en los automóviles de entonces, que hubieron de hacer esfuerzos especiales en las curvas y cuestas del río Manzanares, frente a la finca de Navalsol, y ya en el coso campero, rompieron plaza las muchachas ante un becerro de D. José Aleas, lo hizo Lolita Roldán a la verónica y luego con la muleta, por lo que escuchó muchos aplausos. Cumplieron su cometido José Luis Fernández y “Fervá”, montados en sendos burros, y como subalternos, Berganza, Sánchez Pastor y Cuesta, que lo hicieron con cierta precaución, bajo la dirección técnica de Manuel Avello, siempre pendiente y oportuno, como estuvo pendiente del toreo al alimón de Patrito y Aurora Fernández, como lo hicieron Dolores García y Anunciación Gómez. Hubo hasta banda de música, bajo la dirección del músico local, “Ceferino”, pasados los años vecino mío, y hombre muy popular en Colmenar Viejo.

Cuenta el cronista de aquella encerrona, verdadera encerrona, que entre los asistentes figuraban apellidos como Richi, Isern, Grau, Fernández, Sánchez Pastor, Garayzábal, Morando, Avello, Paredes, Bollaín, Cabrer, Pinto, Castro, Pérez…

Eran gentes de la “buena sociedad” colmenareña, miembros de familias locales, anunciantes de futuros tiempos de veraneo más popular, que acudían a Colmenar Viejo, como otros lo hacían al pueblo más serrano de Miraflores de la Sierra, a los que daban vida y cambio de ambiente con estas sencillas diversiones, que en sus lugares de trabajo madrileños recordarían con la añoranza correspondiente.

Éste, que soy yo, no ve correspondencia entre esta sencilla diversión campestre y una plaza de toros monumental repleta de miles de espectadores, creo que hay una diferencia entre una encerrona y otra “encerrona”, como la hay entre un toro y una becerra, como la hay entre la plaza de Las Ventas del Espíritu Santo y la plaza de tientas de la finca de El Quemadillo. Algunos cronistas modernos, ¿no consultan el DRAE?


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