
RINCON DEL INVERSOR
* Luis del Abra-Analista Financiero
No deberíamos engañarnos, ni dejarnos engañar, claro está. Afirmación de Perogrullo y que viene a cuento de que las cuentas empiezan a no salir. El gasto público en nuestro país ha alcanzado proporciones desusadas hasta la fecha y, por lo que nos dicen, se va a incrementar. Es decir, no llegamos a fin de mes, pero nos empeñamos en incrementar nuestro despilfarro. O sea, empleamos el dinero que no tenemos en gastos poco o nada productivos, dejando las migajas para las inversiones.
Ahora me toca explicar a qué viene el párrafo precedente. Es muy simple y no es nada novedoso. Cuando el dinero sale de caja en mayor cantidad que el importe que entra no cabe otra posibilidad que el recurso al endeudamiento. En este terreno ya hemos sobrepasado todos los límites impuestos por la Unión Europea. Urge, por tanto conseguir para las arcas públicas, más ingresos. Difícil en el presente, ya que el descenso en la actividad, tanto comercial, como industrial, así como las caídas en los beneficios empresariales determinan un recorte cada vez más incisivo en la corriente de flujos de la caja pública. Así pues, el gobierno ya ha anunciado un incremento en la presión fiscal. Aunque aún no conocemos los detalles, parece que no habrá retoques en el I.R.P.F. para no dañar a los trabajadores. Necesito desahogarme y decir que los impuestos los pagamos, fundamentalmente, de una manera u otra, los trabajadores. También el cuerpo me pide recordar que hace pocos meses, desde las más altas instancias gubernamentales nos dijeron que “bajar impuestos era de izquierdas”.
Sinceramente, no sé si es así, pero a mí me encantan los gobiernos que bajan impuestos (y no pienso mirar desde que lado vienen las bajadas).
Pues bien, si de algún sitio hay que obtener los recursos dinerarios para cubrir los desfases ya producidos, más los que vendrán, ya se ha articulado otra previsión: incrementar los impuestos derivados de lo que conocemos como rentas de capital. Es decir, que el actual 18% con que se gravan los dividendos de las acciones será incrementado. Igualmente, los rendimientos de esas Imposiciones a plazo de las entidades financieras subirán del 18% a un porcentaje aún no decidido. En resumen, se prepara una penalización del ahorro. (Eso, por poner un par de ejemplos).Y esto no es algo que incumbe a los más poderosos, a aquellos que cuentan con importantes cifras en sus cuentas corrientes. Nada de eso, ellos ya tienen instrumentos sofisticados que les permiten mantenerse al abrigo de la fiscalidad. Esto afectará a una amplísima mayoría de españoles que tienen unos modestos ahorros, muchas veces logrados en mucho tiempo y con el esfuerzo del trabajo e incluso de alguna privación. Una vez más, los paganos seremos los trabajadores, mayoría silenciosa que forma el entramado de contribuyentes. Incluyo en este colectivo a los numerosos parados (3,6 millones por ahora), pues los considero trabajadores en excedencia forzosa.
Como no deseo abandonarme en el pesimismo económico que parece envolverlo todo, me gustaría ver en todo ello alguna ventaja “colateral”. Como va a resultar que el ahorro resulta muy poco rentable, a lo mejor los particulares nos dedicamos a consumir más, lo que podría suponer una activación de la actividad general. Ya se verá.
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