Cosas de Colmenar

COSAS DE COLMENAR

El encierro de Manuel Revelles
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* Fernando de la Morena


Sin duda, Colmenar Viejo (Madrid) ha sido uno de los pueblos de España que ha contribuido en el desarrollo de la fiesta de los toros con todos los elementos que la forman: toros, toreros y aficionados, y, para completar tales circunstancias, lo ha hecho también con tres escritores singulares sobre el asunto, de relevancia mundial: don Adolfo Bollaín Rozalem, don Luis Vicente Fernández Salcedo y don Luis Bollaín Rozalem, que, según denominación del escritor y cronista taurino “Selipe”, constituyen el conjunto denominado “Grupo de escritores colmenareños”, y, por aquello de la antigüedad, tan respetada en esta fiesta singular de los toros, hoy vamos a iniciar la presentación de tales eximios paisanos con don Adolfo, por la fecha de su nacimiento, que lo hizo primero.
Don Adolfo Bollaín Rozalem nació en Colmenar Viejo el 7 de abril de 1895, del matrimonio formado por los colmenareños Sebastián Bollaín Ballesteros y Rosa Rozalem Gómez, en la alle de San Francisco número 8, y bautizado en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, con los nombres de Adolfo Epifanio Manuel. La vida del niño, por la vecindad de sus padres, transcurrió en Madrid, donde desarrolló sus estudios infantiles en el Colegio León XIII, y el bachillerato en el Instituto de San Isidro, donde demostró su clara inteligencia, y los estudios de Derecho en la Universidad Central, de la calle de San Bernardo, de Madrid. En todos estos centros docentes Registrador de la Propiedad a los 23 años. Su madre,

Rosa Rozalem Gómez, falleció siendo muy niño Adolfo, y su padre se casó en segundas nupcias con una prima de su fallecida esposa, Felipa Rozalem García, con la que tuvo otros dos hijos, José y Luis, del que trataremos en otra ocasión.

Su vecindad madrileña no le impidió su presencia frecuente en su pueblo natal, donde frecuentó sus fincas, en las que se criaba “el toro de Colmenar”, que le permitió relacionarse con ese mundo y desarrollar la afición a los toros que tanto influyó en su vida posterior. Se casó Adolfo en Madrid con Patrocinio Lirón Quintana, con la que tuvo tres hijos y una hija. Adolfo, a lo largo de su vida tuvo inquietudes artísticas y literarias, que le llevaron a dirigir comedias y obras líricas, e incluso participar en ellas; obtuvo un primer premio en un concurso para noveles con la obra teatral “Tarde de agosto”. Escribió poesía, posa, ejerció sus facultades de dibujante, caricaturista y pintor, pero la afición dominante en este polifacético colmenareño fue la de los toros, circunstancia que dominaba en su medio familiar, hasta el extremo de que a los once años de edad ya era titular de un abono en la plaza de toros madrileña de la Carretera de Aragón, en la fila primera, numero 53, de la grada octava de la que, actualmente, en la plaza de Las Ventas, es titular su hija, Patrocinio, conocida por La Nena, cuyo abono, en la hora de su muerte, don Adolfo tuvo en mente: “No perdáis el abono de los toros”, les recomendó a sus hijos poco antes de fallece el día 24 de abril de 1968. Sus amplios y profundos conocimientos taurinos no se quedaron en la teoría, pues además fue partícipe
de importantes festivales taurinos, alternando con toreros de la categoría de Juan Belmonte, Victoriano de la Serna, Domingo Ortega, Rafael Llorente y el Duque de Pinohermoso, en festival celebrado en Colmenar Viejo el año 1946, donde anteriormente había participado en alguno más. En Pastrana (Guadalajara), lugar de su trabajo de Registrador de la Propiedad, intervino en otro, por él organizado, en el que el becerro que le correspondió a él hirió de muerte a uno de sus subalternos. Todas estas circunstancias le convirtieron en un aficionado muy competente, crítico y polémico para la fiesta de los toros de la posguerra, tiempo que le tocó vivir, lo fue en sus conversaciones sobre el tema, en las numerosas conferencias que dictó en muchos lugares, en libros y artículos que publicó en gran número de periódicos y revistas españoles y de fuera de España. ¡Qué necesidad tiene la fiesta de los toros actual, época de cronistas y críticos taurinos almibarados, de personajes como éste, don Adolfo Bollaín!, quien reunió varias conferencias que dictó en un pequeño volumen titulado “Hoy se torea peor que nunca”, publicado en plena era manoletista. Fue muy conocida y celebrada una disputa que mantuvo en la revista “Dígame”, en el año 1948, con su director, D. Ricardo García “Kaíto”, con ese título, que, por la gracia, donaire y donosura de ambos contendientes, mantuvo la atención expectante de los lectores de la revista durante el tiempo que duró la controversia. A don Adolfo se le ofreció el puesto de crítico taurino del diario ABC, que no aceptó por la incompatibilidad con su profesión de registrador de la propiedad; asimismo, el filósofo don José Ortega yGasset solicitó su colaboración para la preparación de un trabajo sobre la fiesta de los toros que iba a escribir, y que la muerte prematura del filósofo no permitió. Este carácter polémico motivó que se le calificara de “detractor”, vocablo que él mismo adoptó para título de una conferencia, “Me llamaron detractor. Y, en efecto, yo era detractor de aquello que estaba matando a la iesta”, degeneración que sigue su prolongado proceso hasta hoy. El año 1956 publicó un libro con el título “Desde la grada octava. Toros y Toreros”, prologado por su paisano Luis Vicente Fernández Salcedo, con el que colaboró en el libro “La Función de Remedios de hace cuarenta años”, publicado en el año 1974.

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