
M. Pérez Estévez

Por desgracia, en los
tiempos actuales la más
antigua de las suertes
del toreo está en decadencia
y es indiferente
para un número demasiado
elevado de espectadores
que asisten a
una corrida. Y es una
lástima porque únicamente
crece el entusiasmo
de los aficionados
en las contadasocasiones en las que un
picador ejecuta la suerte
echando la vara y
empleando su destreza
en el montar para detener
el empuje del toro
que, arrancado de lejos,
arremete con toda su
furia contra el caballo.
En Colmenar, un niño
con apenas dos años y
medio, Felipe Mansilla
Nogales, soñó en los Carnavales de 1986 con emular a los grandes
varilargueros y de tal guisa fue retratado en este simpático cite en la “monumental plaza del pueblo”, cuando la plaza era “otra plaza”, con
su farola en medio, sus losetas en rosa y blanco y sus vallas publicitarias
alrededor de las aceras.
Lo que no sabía Felipe en aquel momento es que, unos cuantos años
después y a través de su hermana María, sus apellidos iban a quedar
ligados a los de la estirpe de Atanasio García Bernabé, picador de
toros colmenareño que alcanzó cierta relevancia formando parte de
las cuadrillas de toreros como Curro Caro, Valencia III, Rafael
Llorente, Pedrés, Montero o César Girón, al que incluso llegó a acompañar
a Venezuela.
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