
* Luis del Abra-Analista Financiero
A la luz de lo visto en los mercados bursátiles en las últimas sesiones, en las que han dominado las ventas a cualquier precio, con desplomes más que significativos en las cotizaciones, empieza a ser crucial la búsqueda de alternativas. De hecho, ya comentamos desde esta misma columna que la euforia registrada el pasado ejercicio poseía un contenido más bien débil en el fondo y que, en buena medida, derivaba de la falta de inversiones más rentables, lo que generó una corriente de inversión favorable a las subidas de precios. El año en curso puede traer noticias desfavorables todavía, pues existen demasiados interrogantes sin despejar en el panorama económico. Por tanto, ya veremos una vuelta al tornillo de la prudencia y beneficios más bien modestos. La confianza en los bonos de estado –no sólo para los de España- se resiente a pasos agigantados, lo que viene a complicar el horizonte.
Cuando el panorama de los mercados financieros se vuelve gris se hace inevitable protegerse, o sea, pensar en activos de escaso riesgo –si es que hay alguno- lo que equivale a rentabilidades prácticamente despreciables. De ahí que nos fijemos hoy en una inversión relativamente poco habitual, aunque por principio todos consideremos al dorado metal como un valor refugio. Para empezar, un par de líneas para mencionar que invertir en oro no significa adquirir pesadas pulseras o joyas similares. Este tipo de objetos de lujo tienen su valor, pero no debemos olvidar que cuando los compramos (o los vendemos) están sujetos al I.V.A., impuesto que dificulta la ganancia final. Cuando hablamos del “oro de inversión”, estamos haciendo referencia a lingotes o placas de oro, incluso monedas (acuñadas después de 1800), que son los activos que se manejan en los mercados oficiales y que, en sus compraventas, no están sometidos al pago del I.V.A. Como característica adicional hay que señalar que la ley del metal debe ser superior a 995 y debe ser expedido por las entidades oportunamente acreditadas.
Este tipo de inversión, durante el pasado año tuvo una plusvalía del 23%, lo que es un beneficio más que considerable. No obstante, me permito indicar que la cotización del oro suele seguir un desarrollo inverso a la del dólar. En los últimos dos años la moneda americana se ha ido depreciando (hasta llegar a 1,52 respecto al euro), lo que alimentaba en parte el alza del preciado metal. En las últimas semanas la divisa ha ido ganando terreno contra el euro y esto debería frenar la carrera alcista del oro, que ya se ha situado en 1.068 dólares la onza, tras haber llegado el pasado Diciembre a los 1.200. Como información al respecto, aclaro que la onza aplicable al oro pesa 31,1 gramos y que es posible adquirir unidades de diferentes pesos: un kilogramo, medio, 100 gramos, 50 gramos, una onza, etc. Casi siempre suelen sen de gran pureza (ley 999) y pueden contratarse en entidades bancarias y entidades financieras especializadas. No es necesario guardar el metal en casa, ya que los bancos se hacen cargo del depósito y extienden la correspondiente certificación oficial, lo que evita algunos riesgos indeseables. Para quienes confíen en el oro como alternativa también existen en el mercado fondos de inversión especializados en acciones de empresas mineras dedicadas a este precioso metal y cuya evolución sigue de manera muy paralela a la de los precios de aquél.
Una vez más, me veo en la obligación de ser reiterativo: busque siempre un experto asesor (o varios) de su confianza. En esta ocasión no puedo evitar decir aquello tan conocido: “no es oro todo lo que reluce”.
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