
* F. MORENA
Hace cincuenta años, los jóvenes se divertían limpiamente, cantando, sin necesidad de cuerpos extraños en las orejas ni en otras partes del cuerpo; por eso, un joven colmenareño, Miguel Corral Aragón, formó un grupo de voces cantoras, un coro, que, como tal, sus componentes de hoy, en los días finales del mes de enero pasado, han celebrado cantando, dirigidos técnica y artísticamente por otra persona, María Paz Alonso-Vega Fernández, y presidida la entidad coral por Carmen de la Morena Criado.
Para celebrar tal efeméride, como recuerdo íntimo, humano, a aquéllos que Miguel juntó, han organizado una serie de actos culturales, sociales, musicales, religiosos y líricos, que han tenido lugar los días 21 al 31 de enero de este año misterioso e inseguro de 2010.
Se abrieron tales aconteceres con la inauguración de una exposición recordatoria en la Casa de la Cultura, de paneles de fotografías de aquellos lejanos “coristas” primeros, de la que han formado parte objetos personales del fundador, Miguel, cedidas por su familia para esta ocasión. De la muestra formaban parte asimismo pinturas, crónicas de las actuaciones de estos cantores y objetos diversos relativos a la Coral. En el Pósito, se celebraron conferencias los días 27, 28 y 29, que corrieron a cargo, la primera del día 27, de éste que escribe la presente crónica, que versó sobre la propia Coral, sobre su historia, “Cincuenta años cantando”; la segunda, el día 28, de Laura Rodríguez Peinado, que trató el tema “El espacio de la música sacra. A propósito de los Libros de Coro de la Basílica”; cerrándose el ciclo el día 29 con un coloquio sobre la Coral y la música en los últimos cincuenta años en Colmenar Viejo, en el que participaron el teniente de alcalde y concejal de Festejos, Miguel Ángel Santamaría, la presidenta y la directora de la Coral, el presidente y el director de la Banda Sinfónica de Música de Colmenar Viejo y la presidenta de la A. C. El Pico San Pedro, moderados por Mariano de Andrés, que ha participado en la organización de modo muy activo.
El sábado, 30 de enero, continuando las celebraciones de este 50º aniversario, tuvo lugar en el Auditorio Villa de Colmenar Viejo, con importantes problemas de entradas, un concierto, con un programa muy variado e interesante de participantes, con el que el público gozó durante más de tres horas. Como son muchos los actuantes, solamente vamos a reseñar sus respectivos nombres: En la primera parte intervinieron: el Coro de Profesores del I. E. S. Rosa Chacel, bajo la dirección de Alberto Aldea; el grupo “Colmenar Canta”, que intervino dirigido por Pilar Ila; el Coro de la Escuela Municipal de Música de Colmenar Viejo, bajo la dirección de Lola Ruiz; Toño Casado y María Vilumbrales; Beatrix Urban, al violín, María Paz Alonso-Vega, al piano, y la voz de Alberto Aldea; y, finalmente, la Coral de Colmenar Viejo, dirigida por su titular, María Paz Alonso-Vega.
Al final de este intervalo, irrumpió en el escenario un grupo de niños del coro de la misa de los domingos de once y media de la Basílica, que, acompañados por el cura Manu Iglesias y Rafael López con su guitarra, quisieron sumarse al homenaje dedicado a la Coral, entregándoles un ramo de flores.
La segunda parte fue más breve, pues la abrió el Coro de Algete, bajo la dirección de Salvador López; seguidamente intervino la Banda Sinfónica de Colmenar Viejo, dirigida por su titular, Miguel Ángel Grau; y terminó el concierto la propia Coral de Colmenar Viejo, acompañada de la Banda Sinfónica, bajo la dirección del mismo Miguel Ángel Grau, y, posteriormente, ella sola, bajo la dirección de María Paz.
El extenso y grato espectáculo del auditorio estuvo presentado de manera distendida por Mercedes Jiménez, a cuyo final, a los miembros fundadores de la Coral, aún en activo, Milagros de la Morena, Josefa Arranz, Casimiro García, Carlos Colmenarejo, Félix Criado y José Valera, se les hizo entrega de una estatuilla en forma de clave de Sol, en recuerdo de cincuenta años dedicados a la Coral.
Se terminó el ciclo apoteósico de actos y festejos el domingo 31 de enero, con la celebración de la Santa Misa en la ermita de nuestra Patrona, la Virgen de los Remedios, en un día claro y de mucho frío. Fue un bello acto religioso, íntimo, cercano, de suma emoción para muchos de los presentes, por su variado significado personal de cada cual y la belleza de los cantos interpretados por la Coral, bajo la dirección de la mencionada María Paz, presidida la misa por el párroco don Ignacio de Orduña, que dijo bella homilía, relativa a los actos celebrados estos días. Aquí me voy a permitir la libertad, con permiso de Carmen de la Morena y la Coral que preside, de hacerles una observación: Al escuchar vuestra “Virgen bendita, bella y chiquita de los Remedios, Madre de Dios”, sentí algo extraño en mi interior, que me ha motivado esto que os digo: ¿por qué no estudiáis el considerar como vuestro HIMNO, himno de la Coral, esta bella, íntima y colmenareña canción: vuestra “Virgen bendita, bella y chiquita de los Remedios, Madre de Dios…”, que en tantos lugares de la geografía habéis cantado tantas veces?
Como final definitivo, a mediodía, en el Asador de Colmenar, se celebró una comida de hermandad, con presencia de autoridades municipales y eclesiásticas, finalizando con cantos de ayer y otros de hoy, a los que separan cincuenta años, muy distintos.
Y por mi parte, y pese a todo, gracias a aquellos “coristas” colaboradores, cuyos nombres no relaciono porque cometería alguna omisión, porque habéis conseguido esta apoteósica celebración cincuentenaria.
* F. M
En estos días de Pascua, la Coral
de Colmenar Viejo sigue su actividad
navideña, y el día 5 le
correspondió actuar en el ampo
de helicópteros, de las FAMET,
de Colmenar Viejo, en aquel
antiguo campo de la dehesa de
Navavillar, donde fue recibida
por don Miguel García García
de las Hijas, General Jefe de las
FAMET de España, y, en particular,
de la colmenareña, en un
amplísimo hangar, repleto de un
ambiente cercano, familiar y
militar, pues lo ocupaban
madres, padres, militares e
hijos, unos en misión de servicio
y otros que habían acudido a
celebrar la festividad de los
Santos Reyes Magos, para lo
cual, una parte del Ejército
Español, las FAMET, tuvo la
bonita idea de invitar a la Coral
de Colmenar Viejo, que, dirigida
por su directora, María Paz
Alonso-Vega Fernández, interpretó
un concierto de música
navideña, de villancicos populares,
ante un gentío que llenaba
el amplio recinto del hangar,
previa la degustación de un chocolate
con churros, que tan bien
sabe en cualquier lugar.
El Teniente Coronel Marcos y el
Capitán Villacorta presentaron
el acto, y alrededor de los cantantes
colmenareños se reunieron
a los presentes, que gozaron
con las notas fiesteras y
populares de los villancicos
navideños, a los que aplaudieron
con fuerza.
Seguidamente, en el exterior,
con bellas vistas a los campos
colmenareños de la dehesa de
Navalvillar, y de la belleza luminosa
de la sierra de
Guadarrama, al norte, con cúspides
blancas de nieve, brillantes
de luz del sol, pespunteadas
de nieblas falderas, esperaron la
llegada de Sus Majestades los
Reyes de Oriente.
En la breve espera, por el este,
se vislumbra un helicóptero
sonoro: “¡Ya vienen los Reyes
Magos!”, gritan voces infantiles
y de madres y padres militares.
Escena anacrónica: de la modernidad,
el helicóptero, sale la
antigüedad clásica, los Reyes
Magos de Oriente. Y después de la recepción popular, la entrega
de regalos en el amplio hangar.
Suena la voz del presentador:“¡Coral de Colmenar Viejo!”,
primera citada, y seguidamente
larga retahíla de nombres niños
y su regalo correspondiente,
entregado por cada uno de los
Reyes Magos.
Fue un día familiar, feliz en un
campo militar, donde quedaron
emplazados los cantantes colmenareños
para el año que
viene, en presencia de altas
autoridades militares del
Ejército Español.
C. Aibar
La Sala Picasso acoge hasta el 26 de febrero, la obra de Santiago de la Quintana. Una obra que recorre caminos que se cruzan innumerables veces frente a nuestros pasos, convergiendo en la lejanía o en la cercanía, en función del reto que el propio autor se propone.
La exposición de Quintana es la suma de todas sus obras anteriores, que se superponen de una manera clara y definitiva. Un camino lleno de nuevos y viejos encuentros, de lugares comunes y sorpresas que el espectador percibe tras los pasos del artista.
* N.G.
TEl Polideportivo Municipal Martín Colmenarejo acogió el sábado 16 de enero la I Jornada de silencio en el espíritu de Za-Zen, una actividad organizada por el Club Deportivo de Aikido Colmenar Viejo. La jornada, dirigida por la maestra Concha Quintaa fue una cita inexcusable para todos los que buscan con el silencio afrontar con más serenidad las dificultades y apreciar todo lo que les rodea. El Za-Zen es un ejercicio universal que propone detenerse y ver con más claridad y profundidad el camino que conduce a la búsqueda personal del sentido de nuestra existencia.
* N. G..
Disfraces que emulaban la prehistoria, la escritura jeroglífica, la invención de la imprentan y otros relacionados con la palabra y su origen. Esta ha sido la forma que el colegio Virgen de los Remedios ha tenido para celebrar el Carnaval de este año, con disfraces que han elaborado los propios alumnos en torno a la expresión escrita en la historia.
Este centro educativo ya comenzó el curso pasado dando protagonismo a las matemáticas, dentro de esa simbología que muestra las áreas instrumentales en la educación de la humanidad. Para llevar a cabo el desarrollo de estas áreas, el centro organiza multitud de actividades y talleres, todos ellos relacionados con el tema elegido. Para finalizar este “Carnaval de las Letras”, el próximo mes de mayo se podrá el colofón con la celebración del Día de la Palabra, que consistirá en un taller de escritura, cuentacuentos, ilustraciones y un menú de comedor muy letrado.
Desde hace bastantes años, el día 2 de febrero de cada año, día de la Vaquilla, fiesta de la Purificación de Nuestra Señora, popular de la Candelaria, cuando escucho los campanillos, perdón, las campanillas de las Vaquillas, recuerdo al filósofo don José Ortega y Gasset por aquello que dijo del paralelismo que encontraba entre la historia de España y la de la fiesta de los toros, pues éste que escribe estas letras sobre la fiesta taquillera, sin ser filósofo, también encuentra cierta semejanza entre ella y el toro de lidia actual, de ahí el título que encabeza este trabajo; pero no, son los vaquilleros que la llevan sobre sus hombros quienes le dan esa semejanza.
Aunque hemos pasado un invierno de tradicionales fríos lejanos, este día no lo ha sido demasiado, por eso, a la plaza del Pueblo hemos acudido los amigos de las tradiciones de nuestros antepasados, en esta ocasión, la Vaquilla, fiesta que, en apariencia, ha cambiado poco, pero la realidad es otra, incluso el sonido anunciador de su presencia, pues antes era más recio, del campanillo, campana pequeña, y ahora es más infantil: de la campanilla, vocecita de niño; pero, aunque con esos cambios, la tradición vaquillera tiene futuro, tales esos infantes, con su gorra de cuadros y campanillas cruzadas sobre el pecho, acompañando a sus padres, incluso cogidos de la mano, formando parte de cortejo de la vaquilla, aunque la armadura que la compone pueda ser de aluminio, para que pese menos al que la porta.
Han participado en la fiesta 21 vaquillas, cada una con origen en distintos lugares de la población, donde las abuelas, madres, e incluso hermanas y novias, han contribuido al hecho organizativo y de adorno. Pero en esos lugares de donde ha partido cada vaquilla los vecinos no se han enterado de que era su fiesta local, salvo los que han acudido a la plaza del Pueblo y han visto cómo la “bailaban”, donde parece que terminaba la fiesta, y es que son como los toros de lidia actuales: un “picotazo” y vamos al “cubata”, “lidia” que, como ya no está el Ruma en la plaza, no se entera nadie, porque vecinos de la plazuela Abajo, de Navalaosa, del Canto de la Virgen, qué decir de Santa Teresa: ¿os habéis enterado de la festividad de la Vaquilla? Y es que a éstas de aluminio, alguna, y cientos de pañuelos coloreados y varios mantones de Manila, les falta casta y les sobra peso, como a los toros de lidia de hoy.
Pese a todo, como dijo el mayoral de la Mochilera en el pregón: ¡que viva la Vaquilla!
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
