
* Luis del Abra-Analista Financiero
En pasado mes de Febrero el saldo neto del importe de crecimiento en los fondos de inversión ha presentado una cifra negativa, es decir, la diferencia entre el dinero aportado y el retirado por los partícipes arroja la cantidad de 1.800 millones, pero con signo negativo, cantidad realmente más que considerable. En el presente nos encontramos con una cifra total de inversión en este tipo de producto financiero de algo más de 159.000 millones de euros, al nivel de Noviembre de 1997.
El retroceso viene dado por diferentes motivos, de los que destacaré aquí los tres que considero más influyentes. En primer lugar, la crisis que padecemos –desde el verano de 2007- ha provocado que muchos ahorradores hayan tenido que recurrir a los ahorros materializados en fondos de inversión para atender a necesidades de liquidez. O sea, han recurrido a hacer efectivo el esfuerzo ahorrador del pasado. En segundo lugar, la rentabilidad que han ofrecido en los dos últimos años, principalmente los fondos de inversión considerados sin riesgo, ha sido más bien desalentadora. Por tanto, es fácil concluir que se ha producido un flujo de recursos hacia otro tipo de activos mejor remunerados. Así llegamos al tercer motivo: las entidades bancarias han puesto a disposición del público diferentes modelos de depósitos (a corto y medio plazo) con distintas modalidades, pero con una rentabilidad asegurada que ha supuesto una competencia sumamente atractiva para aquellos inversores que huyen del riesgo. Los bancos se han lanzado a la captación de dinero para fortalecer sus balances, aunque su margen operativo en la intermediación ha podido sufrir en relación con pasados ejercicios. De hecho, la patronal bancaria ya anuncia una caída considerable en los diferenciales por este concepto, si bien se compensa con otras rúbricas del balance y, lo que es más importante, ganan en solidez y seguridad, lo cual –en los tiempos que vivimos- no es asunto baladí.
Este trasvase de ahorros de fondos de inversión hacia depósitos bancarios viene a constatar también la aversión al riesgo, habitual en momentos de dificultades generalizadas como las que estamos atravesando. En circunstancias así no resulta raro un comportamiento más conservador, derivado de la desconfianza en el futuro inmediato, que envuelve el ambiente y que penaliza la toma de decisiones de carácter económico. Ya hablamos en esta sección, hace bien poco, de la inversión en oro como alternativa en situaciones especiales. Por cierto ya está por encima de 1.200 dólares la onza.
Por si fuera poco los mercados bursátiles presentan en los últimos meses altos niveles de volatilidad, provocada por demasiados factores negativos desde los puntos de vista macroeconómicos, muy influidos por conceptos como el “riesgo país” o las variaciones de cotización en las divisas internacionales. Ante este panorama no vamos a extrañarnos de la vuelta a lo que hace unos años llamábamos imposiciones a plazo fijo, que ahora se presentan como depósitos y que cumplen con unas expectativas razonables y permiten a los ahorradores la defensa de su patrimonio sin sobresaltos.
Una última reflexión: hace unos días la guardia civil ha desarticulado una red de estafadores, que recogían entre particulares y empresarios ahorros por los que prometían elevadas ganancias, desapareciendo después de que habían captado una cifra importante, para repetir el proceso en otro lugar. Evidentemente, del dinero invertido nada saben los incautos inversores. Es inevitable hacer aquí la recomendación de siempre: recurrir a las entidades y profesionales conocidos, que hay muchos donde escoger. Los cantos de sirena… ni para los marineros.
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