EDITORIAL

Políticos corruptos, justicia encubridora


Editorial - - ABRIL 2010


Tr“Y dices tu, para corruptos los otros, aquello sí que era corrupción, esto de ahora no es nada”. Podría ser un fragmento del hombre de la mili en el programa televisivo de José Mota, sin embargo nada más lejos de la realidad que vivimos en esta sociedad donde política y riqueza parecen haberse introducido en el mismo saco y cabalgan a lomos de la justicia en un paraje idílico, controlado por los que tienen el poder. Es cierto que no a todos los políticos se les puede meter en el mismo saco, pero entre presuntos corruptos, presuntos encubridores y presuntos consentidores, este delito se ha transformado en una especie de enfermedad contagiosa.
Los casos Mata y Gürtel han puesto en el disparadero de la opinión pública la complacencia de nuestros representantes políticos. Actúan a sabiendas que la justicia parece ser que se lo permite todo. Años y años de investigación mientras las fortunas personales de estos personajes van floreciendo hasta hacerse insaciables. Una realidad que vivimos con mucho desencanto al comprobar como después de muchos años de haberse cometido tales fechorías, los acusados de presunta corrupción continúan en la calle, bien porque la justicia no les juzga o bien porque una vez juzgados, disponen de millones de euros (extraídos ilícitamente) para permanecer en libertad y conservar su status político ante las palabras alentadoras de sus compañeros de partido, que prefieren tenerles a su lado, a pesar de los pesares, quizá para comprobar si se les pega algo o seguramente para no destapar la caja de los truenos que podría sacar a la luz un sinfín de posibles delitos y quitar la careta a personas que mantienen una faz impoluta de cara a los ciudadanos, por aquellos de conseguir el voto para unas siglas determinadas.
Mientras las financiaciones de los partidos políticos quedan en entredicho, aunque todos los sospecháramos sin la necesidad de que estallaran estos casos, el ciudadano de la calle, ese que día a día debe acudir a su puesto de trabajo por un sueldo miliurista o ese otro que, harto ya de estar harto, va de puerta en puerta buscando un trabajo que le permita subsistir, se encuentra totalmente desprotegido y perseguido, incluso judicialmente. ¿Qué ocurriría si los casos que estamos viviendo repercutieran en estas personas en lugar de esas otras “intachables” para la sociedad? Pues que ya estarían enclaustrado entre rejas sin temor a poder eludir la cárcel por nada del mundo. Porque cuando un ciudadano cualquiera acude a un banco a solicitar una hipoteca de poco más de 100.000 euros, la negativa, por falta de avales, es la respuesta cotidiana de quienes manejan nuestros ahorros, sin embargo, cuando uno de esos “presuntos corruptos” acude a uno o dos bancos a pedir tres millones de euros, en dos días los tiene depositados en su bolsillo y pasea por la calle con toda su “dignidad” de político o ex-político que ha dejado la piel por su país o su comunidad. Y es que la justicia es así, flexible y protectora con unos pocos y dura e inflexible con el resto, Por eso, justicia y política van de la mano y caminan por el mismo sendero.
Y no solamente lo estamos viviendo con la corrupción política, con la nacional, la regional o la municipal, donde se puede apreciar casos que suenan a mofa: fortunas personales que crecen desorbitadamente, casas de políticos que se construyen sin desembolsar un solo euro, licencias que se otorgan a cambio de fajos morados, contratos que se conceden a empresas amigas y van creciendo con el tiempo y todo una larga lista de presuntas irregularidades que pululan sin control. Ahora, la injusticia también azota a aquellos que quieren investigar crímenes, a aquellas personas que se han lanzado al vacío para sacar a la luz los miles de crímenes que cometió el franquismo, a aquellos que pretenden que una de las páginas más negras de nuestra historia se clarifique, a aquellos que solamente desean que los restos de sus familiares fusilados por el franquismo sean depositados cerca de ellos. Pero la justicia, una vez más, se ha aliado con grupos nazis que pretenden que la oscuridad vuelva a cubrir los campos españoles, sembrándola de sombras cada vez más opacas. Y es que nadie se esperaba que, 35 años después, grupos ultraderechistas, amparados y protegidos por una parte de la derecha, tuvieran tanto poder. Por lo tanto no es de extrañar que seamos el hazme reír de todo el mundo y portada en sus tabloides más importantes. Rara democracia esta.

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