
* Luis del Abra-Analista Financiero
Aun a riesgo de parecer pedante, incluyo la definición del
Diccionario de la Real Academia de la palabra especulación: “Operación comercial que se realiza con mercancías, valores o
efectos públicos con ánimo de obtener lucro”. Así pues, especulador
es, simplemente, quien compra o vende algo con intención
de conseguir un beneficio. Sin embargo, en la consideración
popular, quienes especulan han adquirido un marchamo de gente
indeseable, aprovechada y de comportamiento abusivo. De esta
manera, el contenido del término especulador se considera como
peyorativo cuando no un insulto.
Todo este preámbulo viene a cuento de las profundas caídas registradas
en las Bolsas europeas en los últimos días, que han afectado
de la manera más dura a nuestro país. El pésimo comportamiento
de nuestro mercado financiero deriva de la falta de confianza
por parte de los inversores en relación con el estado de nuestra
economía, ya que ven el ejemplo de Grecia y temen que España
pueda verse en parecidas circunstancias a medio plazo. En cierto
modo, es bastante explicable. En el plan de salvación que la Unión
Europea ha previsto para los griegos se incluyen una serie de
medidas obligatorias (recortes drásticos en el gasto público, descenso
del endeudamiento, modificaciones impositivas, reformas
en el empleo, etc.) que condicionan las ayudas a aportar. Pues
bien, ese tipo de actuaciones son las que el gobierno español ha
anticipado que no aplicará en ningún caso. Por tanto, no nos
extrañemos si comienza a deslizarse el rumor de que un empeoramiento
en nuestra economía es posible y nuestra salvación
impondría sacrificios económicos más duros que los exigibles a
los griegos.
Ante semejante panorama, con cifras regresivas en lo macroeconómico
y con un nivel de paro escalofriante (20,5% oficial) no hay
que extrañarse si los inversores huyen de nuestros mercados. No
echemos las culpas a los denostados especuladores. Se trata de
que los ahorradores internacionales (fondos de inversión y de pensiones,
entidades bancarias, etc.) estiman que las posibilidades de
perder dinero con activos de nuestras bolsas se acentúan y,
como es lógico, venden y se llevan su dinero a otros mercados.
Y todo esto lo hacen, incluso registrando pérdidas ante una
expectativa poco favorable, en búsqueda de la defensa de sus
intereses financieros. Este comportamiento es más que explicable
y nada demonizable. Es algo similar a lo que hacemos todos
con nuestros ahorros, que a todos nos gusta la seguridad y no
por eso hacemos de la especulación nuestra forma de vida.
Como conclusión añadiré que no puede afirmarse que hayan
sido especuladores los que han provocado la caída de nuestrosíndices bursátiles, sino el conjunto de inversores que no confían
en la evolución de nuestra economía.
Conviene no olvidar algo que sabe todo aquel que tiene un mínimo
conocimiento del funcionamiento de los mercados. Cuando
una mayoría de operadores vende sus activos financieros se produce,
inevitablemente, la baja de los precios. Pero cuando se realizan
ventas existen otros inversores que ejecutan las compras,
puede que rebajando lo más posible el precio –eso sí- pero el
importe de lo que se vende y se compra es idéntico. Y, por último,
no hay mayor acto de especulación que la compra de un décimo
de lotería por 5 euros, con la esperanza de ganar, al día siguiente,
100.000 ó más, libres de impuestos. Algo que se hace en nuestropaís y en otros millones de veces al día
¿Especuladores, tal vez?
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